Sinopsis: Ángela, una ambiciosa reportera televisiva, acude con una cámara a una estación de bomberos de Barcelona, para hacer un reportaje sobre sus actividades. Aunque no lo confiesa abiertamente, espera que suceda una catástrofe, pues el reportaje tendría más tirón.
Tras unas horas aburridas de espera, los bomberos reciben la llamada de unos vecinos que han escuchado unos gritos desgarradores, que salen de la casa de una anciana que se ha quedado encerrada. Aunque parece una operación rutinaria, la mujer se lanza sobre uno de los bomberos, mordiéndole salvajemente...
El sencillo argumento remite a El proyecto de la bruja de Blair y 28 días después. Pero los cineastas han filmado la película en forma de falso documental, pues los espectadores siguen la historia como si la vieran a través de la cámara que sigue a la protagonista.
Esta sencilla pero efectiva artimaña ofrece la sensación de que estamos asistiendo a acontecimientos reales, a veces filmados en circunstancias extremas, porque los policías no permiten grabar, lo que permite que no se muestre del todo lo que está pasando, sino que más bien se sugiere.
El film no hace gala de un gran presupuesto ni de sofisticados efectos especiales, sino de un conocimiento profundo de los mecanismos del miedo. Mención aparte merece la promoción, realizada mediante imágenes que mostraban al público asustado durante una proyección y que llamaron la atención, sin una gran inversión en publicidad.
Como ya se ha dicho, lo mejor del filme es su aungustiosa inmediatez, pues está rodado como un reportaje directo. Esta opción asegura la eficacia de los sustos e introduce al espectador en la misma atmósfera que respiran los protagonistas.
Sin embargo, esa eficacia se va fracturando por culpa de las faltas de naturalidad de algunos actores y, sobre todo, por la escasa hondura de un guión plagado de lugares comunes, excesivo en sus sanguinolencias y palabrotas, y ridículo en su giro final diabólico-religioso.